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El Real Madrid gana 2-1 en Barcelona en el Clásico de LaLiga




Agencias Internacionales

Real Madrid volvió a vencer al FC Barcelona en el Camp Nou y ha obtenido su cuarto triunfo de forma consecutiva. Los merengues, además, pasan al frente en el historial de enfrentamientos y siguen como líderes en LaLiga Santander.

No hubo nada más humano que la alineación del técnico blanco. No había por qué cambiar. Tampoco frente a este Barcelona, que quizá incluso rindiera un rato por encima de sus posibilidades. Jugaron de inicio los mismos que golearon al Shakhtar, con la vieja guardia (Casemiro, Modric, Kroos) en el puesto de mando, Rodrygo y el demonio Vinicius como acompañantes de Benzema, y Lucas Vázquez y Mendy en los costados para que Militao y Alaba resguardaran el área. Un plan burocrático, sin locuras, pero eficiente.


Pero si este deporte aún mantiene la capacidad de emocionarnos es porque aún asoman tipos como Vinicius. La improvisación se convierte en arte. Y cada jugada, cada remate, no es más que el preámbulo de la siguiente locura. Su fútbol es genial. Y absurdo.


Es lo que debió pensar Mingueza. Koeman imaginó que el canterano, ante el vacío, podría salir indemne. Por supuesto no fue así. Sergiño Dest, otra vez extremo, tenía la cabeza en otro sitio desde que falló una ocasión clamorosa. Mientras que Eric García, esta vez en el perfil diestro, tampoco supo cómo ayudar a Mingueza a soportar semejante martirio.


La primera vez que Vinicius encaró con cierta ventaja en la orilla no tuvo más que escoger entre su amplio repertorio. Mingueza se quedó atrás y, ya en el área, topó contra el brasileño. Vinicius cayó desplomado. Y ante el insistente reclamo del penalti por parte de los futbolistas del Real Madrid, el árbitro, Sánchez Martínez, nada quiso saber. Mingueza, por si acaso, agachó la cabeza y se fue de allí cuanto antes.


El clásico estaba en esa banda. Y de poco iba a servir en ese primer acto que el Barcelona ofreciera una correcta imagen. En la presión avanzada. En su capacidad para jugar en campo rival, con el adolescente Gavi imprescindible en la contención junto a un Busquets muy atento en los cortes. Sólo faltaba, que no era poco, un mayor acierto en las zonas determinantes.

Ansu Fati, ariete de excepción, no encontraba por dónde colarse. Y Memphis perdía una buena oportunidad para llevar al límite a Lucas. Aunque no hubo mejor metáfora de la realidad del Barça que el remate a la nada de Sergiño Dest.

No tenía el neerlandés más que acomodar su botín con criterio y acompañar la pelota a la red. No fue así. Mostró el interior. O el horror ante lo que podía venirle encima si no acertaba. Sólo él lo sabe. El balón, que no entiende de temores ajenos, salió disparado hacia arriba.

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